En numerosos escritos de Van Manen,
éste va exponiendo —dentro de la «pedagogía práctica y vivida»— las ideas-fuerza
que conforman la estructura de la responsabilidad pedagógica. Anotamos, por
el momento, alguna de esas vetas más
significativas de tal disposición de fondo
propia de los profesores y educadores más
auténticos:
Hay algo en los pequeños que nos
estimula y nos atrae hacia ellos de forma muy concreta. Esa inclinación
pedagógica es la que nos emplaza a
escuchar sus múltiples necesidades. Podríamos decir que la vulnerabilidad del alumno se convierte
en una curiosa fuerza moral sobre el
adulto. Por supuesto, cabe la reacción de ignorarlo y seguir con nuestros asuntos, como si no tuviéramos
responsabilidad pedagógica. Pero,
para «los más auténticos» desatender
ese sentimiento de «responsabilidad»
no les es, sencillamente, posible. Un
menor me pide ayuda y siento que
debo actuar de forma receptiva y responsable con él. Sí; «sentirse reclamado es el significado más profundo de
ser educador».
Cualquier alumno, por tanto, se convierte en otro que, con su llamada, entra
en la vida de todo profesor implicado y,
al irrumpir así en su ser, se convierte en
«su» alumno, no en «uno» más de la masa
de la clase. El verdadero profesor —no el
simple técnico o el asalariado de la enseñanza— capta con fina sensibilidad las
continuas necesidades de todos y cada uno
de sus alumnos y se ve impelido a responderlas haciéndose cargo de cada uno en
concreto. De esta suerte, nace en él la responsabilidad pedagógica, de modo que los
reclamos de todos los niños o jóvenes que
le han sido encomendados encuentran eco
en lo íntimo de su ser, resultándole imposible así adoptar una actitud superficial
de «indiferencia». En esta línea, el «bien
pedagógico» de cada menor a su cargo se
convierte —bajo formatos múltiples de
vulnerabilidad— en una fuerza moral que
no puede dejar de recibir de una forma incluso conmovedora.
Por otro lado, la «responsabilidad pedagógica» implica una sensibilidad penetrante y viva, capaz de captar las manifestaciones propias de la vulnerabilidad
de los alumnos; esto es, las necesidades
más íntimas y silenciosas de éstos en el
continuum de la vida escolar; sensibilidad
que da un tono exquisito al clima generado
en la urdimbre de relaciones que mantiene el profesor con sus alumnos. Sigamos
de nuevo a este autor sin dejar esta veta:
Un profesor de verdad sabe cómo
ver a los niños: se percata de la timidez de uno, del bajo ánimo de otro, de
los deseos o expectativas de un tercero. Para «ver» de este modo se necesita
algo más que ojos; se precisa tener «un
sentido de responsabilidad». No
son muchos, desafortunadamente, los
profesores que entran de verdad en
la ‘casa personal’ de cada uno de sus
alumnos.
FUENTE.
JORDÁN SIERRA J. A. (2015). La responsabilidad ética-pedagógica
de los profesores-educadores:
una mirada nueva desde Max van Manen. Recuperado el 18 de mayo del 2020 de https://revistadepedagogia.org/wp-content/uploads/2015/06/la-responsabilidad-etica-pedagogica.pdf
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¡GRACIAS POR SU GRAN LABOR EDUCATIVA!
Gracias por su participación en este blog de gran importancia para mi formación, leer las opiniones de verdaderos docentes educativos hace q...
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En numerosos escritos de Van Manen, éste va exponiendo —dentro de la «pedagogía práctica y vivida»— las ideas-fuerza que conforman la estruc...
Concuerdo mucho con lo que dice una de nuestras responsabilidades es el saber escuchar a nuestros alumnos ya que ello nos conduce a que ellos se sientan comprendidos, y nos facilita en cierto modo el trabajo porque reconocemos las necesidades de cada uno de nuestros estudiantes.
ResponderEliminarEs muy importante hacer notar que la responsabilidad del docente recae en sus valores éticos como profesional de la educación así como en la sensibilidad como ser humano y la empatía hacia sus alumnos es entonces cuando está combinación de valores dan por resultado que realmente el docente sea un profesional auténtico que mediante la observación del entorno dónde se desenvuelve capta las emociones y necesidades de cada uno de sus alumnos para así adquirir de manera óptima un acercamiento con lo más importante de su función que es precisamente el ayudar de manera desinteresada pero profesional a sus alumnos.
ResponderEliminarMuchas veces también es importante dejar hasta cierto punto el papel como "Docente" y convertirse en un amigo para nuestros alumnos, que ellos nos tengan confianza y así saber nosotros la razón de porqué quizá no está cumpliendo con los aprendizajes esperados, al saber lo que le sucede podremos hacer más por él y apoyarlo en toda medida posible.
ResponderEliminarMe hicieron recordar al señor Mathieu, donde estaba dispuesto incluso a ser echado de su trabajo, para escuchar, guiar a sus estudiantes y es la vocación, la que nos lleva con pasión a realizar nuestras actividades a favor de nuestros estudiantes.
ResponderEliminarEn diversas ocasiones, se han hecho ver a los docentes sólo como guías de conocimiento para el alumno. Se nos dice bajo una insistente réplica que el docente no educa y que esta parte corresponde únicamente al núcleo familiar al que pertenece. Considero importante que si bien es una gran parte de la responsabilidad-consecuencia pedagógica comprometernos emocionalmente con los sentires del alumno -ya que después de la constante convivencia, el no surgimiento de una empatía es meramente imposible-, es menester aceptar que también somos modelo y piezas fundamentales para el desarrollo de valores en los alumnos; pues recordemos que la forma más sencilla de aprender, es mediante la imitación.
ResponderEliminarEs por esto que agrego, que de la misma manera en que hablamos de la responsabilidad pedagógica emocional que el docente desarrolla de forma inevitable, es también parte de nuestra responsabilidad ser un modelo de congruencia para los aprendices.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarCoincido con la idea de que más allá como modelo de enseñanza o transmisor de conocimientos, debemos estar atentos a nuestros pequeños y lo que quieren compartir, sobre todo darles esa confianza y crear un ambiente, debemos adaptarnos a cada estudiante y analizar forma de desenvolverse, para saber realmente las necesidades de los alumnos y estar pendientes de si podemos dar un poco más allá de lo que nos corresponde y así poder dirigir acertadamente a cada estudiante
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